Washington (RRC): En un anuncio que ha sacudido las relaciones internacionales, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reveló este jueves que ha ordenado al Departamento de Defensa –al que se refirió coloquialmente como «Departamento de Guerra»– iniciar de inmediato pruebas con el arsenal nuclear estadounidense.
La declaración, publicada en su red social Truth Social, llega en un momento de alta tensión geopolítica, marcado por recientes maniobras nucleares rusas y en vísperas de una crucial reunión con el presidente chino, Xi Jinping, en Busan, Corea del Sur.
Trump no escatimó en palabras para justificar su decisión. En su publicación, el mandatario estadounidense enfatizó la superioridad nuclear de su país: «Estados Unidos tiene más armas nucleares que cualquier otro país. Rusia es segunda, y China está muy por detrás en tercer lugar, pero estarán igualadas dentro de cinco años».
A continuación, añadió: «Debido a los programas de pruebas de otros países, he instruido al Departamento de Guerra para que comience a probar nuestras armas nucleares en igualdad de condiciones. Ese proceso comenzará de inmediato».
Este no es un mero comentario retórico. La orden representa un cambio drástico en la doctrina nuclear de Washington, que desde 1992 ha mantenido una moratoria voluntaria sobre pruebas explosivas nucleares, como lo documenta la Biblioteca del Congreso.
La última detonación nuclear estadounidense data de esa época, bajo la administración de George H. W. Bush, y ha sido un pilar de los esfuerzos globales por el control de armas, incluyendo tratados como el Tratado de Prohibición Completa de Pruebas Nucleares (CTBT), que EE.UU. firmó pero no ratificó.
El timing del anuncio no parece casual. Apenas una semana antes, el 22 de octubre, el presidente ruso Vladimir Putin supervisó maniobras nucleares a gran escala, involucrando fuerzas terrestres, marítimas y aéreas.
Estos ejercicios incluyeron pruebas exitosas de sistemas avanzados, como el dron submarino Poseidón –capaz de portar una ojiva nuclear de hasta dos megatones– y el misil de crucero Burevestnik, ambos con propulsión nuclear y alcance «ilimitado».
Putin presentó estas demostraciones como una respuesta a las «provocaciones» occidentales en el contexto de la guerra en Ucrania, donde la inteligencia estadounidense advierte que Moscú no muestra intenciones de desescalar.
Trump, quien en su primer mandato (2017-2021) impulsó una modernización del arsenal nuclear valorado en billones de dólares, ve en estas acciones rusas una amenaza directa a la disuasión estadounidense.
«Durante mi primer mandato, reconstruí nuestro arsenal nuclear, que estaba en ruinas», recordó en su post, aludiendo a iniciativas como el desarrollo de ojivas de bajo rendimiento y submarinos nucleares de nueva generación.
Sin embargo, el elefante en la habitación es China. Trump advirtió explícitamente sobre el rápido avance nuclear de Pekín, que según estimaciones de inteligencia estadounidense podría igualar el arsenal de EE.UU. y Rusia en menos de una década.
El anuncio se produce horas antes de su encuentro con Xi en Busan, donde se espera que se aborden temas como el comercio, Taiwán y la proliferación nuclear.
Analistas especulan que esta movida podría ser una táctica de negociación: fortalecer la posición de Washington en la mesa de diálogo, pero también un mensaje de advertencia a Xi de que EE.UU. no cederá terreno en la carrera armamentista.
La decisión de Trump ha generado reacciones inmediatas en todo el mundo. En Moscú, el Kremlin calificó el anuncio como «irresponsable» y una «escalada innecesaria», aunque fuentes rusas indicaron que no provocará una respuesta simétrica inmediata.
En Pekín, el Ministerio de Exteriores chino emitió un comunicado lacónico: «China se opone firmemente a cualquier acción que socave la estabilidad nuclear global». Organizaciones como la ONU y el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) han instado a la moderación, recordando que reanudar pruebas podría erosionar décadas de avances en desarme.
Desde una perspectiva técnica, las pruebas «en igualdad de condiciones» podrían involucrar detonaciones subterráneas en sitios como el Nevada Test Site, simulaciones computacionales avanzadas o pruebas de componentes no explosivos.
Sin embargo, Trump no proporcionó detalles específicos, lo que deja espacio para especulaciones sobre el alcance: ¿se limitará a verificaciones de fiabilidad, o incluirá desarrollos de nuevas armas?
En el ámbito doméstico, la orden ha dividido opiniones. Republicanos como el director del Pentágono, Pete Hegseth, la aplauden como un retorno a la «fuerza americana», mientras que demócratas y grupos antinucleares la tildan de «peligrosa y anacrónica».
Expertos en no proliferación advierten que esto podría desencadenar una nueva carrera armamentista, similar a la de la Guerra Fría, con costos económicos exorbitantes y riesgos ambientales incalculables.
Este anuncio no solo redefine la postura de EE.UU. en el tablero nuclear global, sino que también subraya la visión de Trump de una diplomacia basada en la fuerza. Mientras el mundo observa su reunión con Xi, queda por ver si esta orden «de inmediato» impulsará concesiones de rivales o avivará tensiones latentes.
En un era de multipolaridad inestable, el regreso de las pruebas nucleares estadounidenses podría marcar el fin de una era de contención y el amanecer de un capítulo más impredecible.
Como siempre, el mundo contiene la respiración. La disuasión nuclear ha mantenido la paz durante décadas; la pregunta es si este «inmediato» la preservará o la pondrá a prueba de la manera más literal posible.
